El Surrealismo

El Surrealismo

I. Definición y características:

El Surrealismo fue uno de los movimientos artísticos e intelectuales más extraordinarios del siglo XX. Los surrealistas se propusieron “liberar la imaginación humana” y su visión, expresada en las obras de algunos de los más grandes poetas, escritores y artistas del siglo, ha tenido un impacto profundo sobre la vida moderna. Varios aspectos de la crítica surrealista de los valores convencionales todavía tienen resonancia hoy en día.

Surgió a partir del Dadaísmo, alrededor del año 1920, en torno a la personalidad del poeta francés André Bretón. Freudianos y marxistas, los surrealistas tenían como metas « cambiar la vida» y « transformar el mundo».

Los Surrealistas compartieron con Dada el deseo de explorar nuevos métodos o vías para la expresión de la creatividad.  También heredaron del Dadaísmo el rechazo de la razón lógica, el interés por el azar, el odio a las convenciones, el desprecio por las religiones establecidas y los valores burgueses, y la voluntad de borrar las diferencias entre “arte” y “vida”.

El Surrealismo fue ante todo un movimiento poético, en el que pintura y escultura se concebían como consecuencias plásticas de la poesía. Al principio, se enfocó únicamente en la “escritura automática” (vean la “receta” de Bretón, copias), proponiéndose expresar el pensamiento subconsciente del artista. Los Surrealistas otorgaban valor supremo al deseo erótico como motor de la vida, y al subconsciente como centro de la obra artística. Pensaban que, al dejar que su subconsciente se expresara libremente, revelarían una surrealidad más auténtica y valiosa que la realidad del mundo racional o natural. Por eso, para “liberar el pensamiento de la cárcel de la razón” (Bretón) practicaron la libre asociación (técnica psicoanalítica que adaptaron a la literatura) y numerosos juegos verbales o plásticos basados en el azar. A través de imágenes sobrecogedoras, poetas y pintores esperaban revelar un mundo “otro”, más allá de lo “real”, el mundo de la fantasía y de los sueños. Estas imágenes (tanto verbales como plásticas) ignoran la lógica, la causalidad y las leyes naturales, pero impactan emocionalmente.

En su Primer Manifiesto del Surrealismo (1924), Bretón lo definía como: “Automatismo psíquico puro, por cuyo medio se intenta expresar, verbalmente, por escrito o de cualquier otro modo, el funcionamiento real del pensamiento. Es un dictado del pensamiento, sin la intervención reguladora de la razón, ajeno a toda preocupación estética o moral”.

A través de la recuperación del inconsciente, de los sueños, los Surrealistas trataron de “dejar libre” el paso a las pasiones y a los deseos – único modo, para ellos, de alcanzar la verdad y la felicidad. Tres palabras se unían para ellos en un sólo significado: amor, poesía y libertad. En esto se ve que los surrealistas eran descendientes directos del Romanticismo, pero en su forma “moderna”.

Para los Surrealistas, el arte no era tanto “representación” sino comunicación vital directa del individuo con el todo. Esta conexión se expresaba según ellos de forma privilegiada en el “azar objetivo” ( = las casualidades significativas donde el deseo del individuo y el destino ajeno a él convergen imprevisiblemente: “sincronicidad”) y en los sueños (en los cuales los elementos más dispares se revelan unidos por relaciones secretas). Los surrealistas se propusieron trasladar esas imágenes al mundo del arte por medio de la “asociación mental libre”, sin permitir que se entrometiera la censura de la conciencia o de la estética. De ahí el automatismo” o “escritura automática”; esta técnica recogía en cierto modo las prácticas mediúmnicas espiritistas, pero cambiando radicalmente su interpretación: los que hablan a través del médium son los espíritus, pero lo que habla a través del poeta es el inconsciente.

Además de la escritura automática, practicaron el humor negro y toda clase de “ejercicios” para “liberar” el inconsciente. Por ejemplo, el juego llamado “cadáver exquisito”: varios artistas y/o poetas dibujaban en turno sobre un papel que iban doblando las distintas partes de una figura – o escribían una línea de un poema - sin ver lo que el anterior había hecho. La “obra” realizada en común expresaba el “inconsciente colectivo” del grupo.

A partir de 1925, el Surrealismo se politizó, integrándose casi todos sus miembros al Partido Comunista. Pero se produjeron violentas discrepancias en el seno del grupo a propósito del debate sobre la relación entre arte y política, y ya para mediados de los años 30 casi todos se separaron o fueron expulsados del Partido, sin perder sus ideales de izquierda. El marxismo siendo la forma política extrema de la Ilustración, los Surrealistas en efecto intentaron la empresa imposible de unir Romanticismo y Siglo de las Luces.

Un aspecto muy interesante del movimiento fue su intensa preocupación por la situación de las mujeres. Los surrealistas deseaban que las mujeres fueran tan libres como los hombres (en todos los sentidos). Citaban esta frase de Saint-Just (revolucionario francés): “Entre las gentes verdaderamente libres, las mujeres son libres y adoradas”. Muchas mujeres, sobre todo artistas, se unieron al movimiento, que las celebró y les facilitó el acceso a las galerías, hasta entonces fuera de su alcance. Sin embargo, la posición surrealista es compleja y ambigua: idealizaban a la mujer como “salvación del hombre” (idea romántica); como rebelde por naturaleza y provocadora de desorden; como poseedora de dones especiales – pero muchas de sus obras representan el cuerpo femenino sometido a la violencia.

El movimiento surrealista se extendió internacionalmente. Tuvo en particular una marcada influencia sobre las letras y las artes plásticas en España y Latinoamérica.

II. El Surrealismo en las artes plásticas:

El Surrealismo cuenta con varios grandes pintores internacionales, muchos de ellos hispanos: Max Ernst (alemán); Paul Klee (suizo); Marcel Duchamp, André Masson, Yves Tanguy (franceses); Paul Delvaux y René Magritte (belgas); Giorgio de Chirico, Alberto Giacometti (italianos); Man Ray y Meret Oppenheim (norteamericanos); Roland Penrose, Leonora Carrington (ingleses, pero ella vivió la mayor parte de su vida en México); Pablo Picasso, Salvador Dalí, Joan Miró, Remedios Varo y Oscar Domínguez (españoles); Wilfredo Lam (cubano); Roberto Matta (chileno); Leonor Fini (argentina); Diego Rivera y Frida Kahlo (mexicanos).

Los pintores y fotógrafos surrealistas fueron muy inventivos: continuaron el uso del “collage”, del “assemblage” (montaje de objetos incongruentes), del fotomontaje, y del “objet trouvé” (objeto encontrado) que les venían de Dada. También inventaron técnicas nuevas: el “frottage” (dibujos compuestos por el roce de superficies rugosas contra el papel o el lienzo), la decalcomanía (se aplica gouache negro sobre una hoja de papel que se coloca encima de otra hoja sobre la cual se ejerce presión; luego se despegan antes de que se sequen) y varias técnicas fotográficas (solarización, doble exposición, rayogramas y fotogramas).

Los surrealistas integraron al arte de la pintura el azar, un fuerte erotismo, la exploración de imágenes de sueños y una carga conceptual basada en el juego de imágenes ambiguas. Entre ellos se distinguen los “abstractos” (como Miró, Matta o Lam), que inventan universos figurativos propios, y los “figurativos” (como Frida Kahlo, Dalí y Varo), que se sirven de un realismo minucioso y de medios técnicos tradicionales, pero se apartan de la pintura tradicional por la inusitada asociación de objetos así como la atmósfera onírica y delirante.

En el cine, el director más famoso del movimiento es Luis Buñuel (nacido en España, emigró a México, trabajó en México y en Francia). Sus dos primeras películas fueron experimentos surrealistas subversivos que se proponían escandalizar: Un perro andaluz y La edad de oro (1929-30). El surrealismo siguió presente en sus grandes obras de madurez: Los olvidados (1950), La vida criminal de Archibaldo de la Cruz (1955), Viridiana (1961), El ángel exterminador (1962), El discreto encanto de la burguesía (1972), Ese oscuro objeto del deseo (1977).

III. El Surrealismo en las letras:

En el terreno literario, los surrealistas no querían asumir ninguna tradición cultural, ni desde el punto de vista temático ni en lo formal. Experimentaron con trabajos en colaboración y textos escritos bajo la influencia de las drogas. En poesía adoptaron un verso libre de extensión indefinida. En prosa, utilizaron transcripciones de sueños y el uso sistemático de la escritura automática. Sus temas son el erotismo, los sueños, la fantasía y los estados alterados de conciencia.  

En las letras hispanas el Surrealismo tuvo una gran repercusión. En España, los poetas de la Generación del 27 (Federico García Lorca, Rafael Alberti, Luis Cernuda y Vicente Aleixandre) se interesaron por sus posibilidades expresivas, aunque nunca adoptaron la escritura automática. En Hispanoamérica, se entusiasmaron por sus ideas y sus técnicas los poetas Pablo Neruda y César Vallejo, cuya colección Trilce es el ejemplo más perfecto, singular y profundo de un vanguardismo combativo y personal, que une la expresión individual del poeta a un espectacular renuevo poético y a la solidaridad social. Los novelistas Julio Cortázar, Felisberto Hernández, José Lezama Lima y Alejo Carpentier y el ensayista Octavio Paz también fueron influenciados por el movimiento. El “realismo mágico” o “real maravilloso” puede ser considerado como una adaptación o versión hispana del Surrealismo. Leeremos cuentos de Julio Cortázar y Felisberto Hernández que muestran su clara filiación surrealista.

IV. La Generación del 27:

En 1927, al cumplirse el tricentenario de la muerte del poeta barroco Luis de Góngora, un grupo de escritores jóvenes organizó un acto conmemorativo en Sevilla: así nació la llamada “generación del 27”. En ella coexisten diversas tendencias, desde la recuperación de los hallazgos más interesantes del ultraísmo y del surrealismo, hasta la idea de una poesía “pura” o la búsqueda de un contacto con la lírica tradicional y popular.

La idea de la poesía pura implicaba el afán de superar las formas del realismo, el culto de la imagen inusual y el rechazo de la emoción fácil (pero no del sentimiento). Al mismo tiempo, la Generación del 27 proponía la pluralidad de estilos y de lenguajes, sin renunciar a las formas clásicas. La presencia del surrealismo es visible en la incorporación de nuevos temas e imágenes a la poesía, sobre todo del mundo de los sueños, y en los juegos de palabras y la denuncia social. Destacan, por su clara filiación surrealista, Poeta en Nueva York de Federico García Lorca, así como sus piezas teatrales El público y Así que pasen cinco años que revelan su afinidad con las búsquedas estéticas de Luis Buñuel y de Salvador Dalí.

Características generales de la Generación del 27:

  • Todos nacieron entre 1891 y 1905.
  • Todos tienen una formación intelectual semejante; casi todos fueron universitarios y pasaron por la Residencia de Estudiantes .
  • Todos escribieron en las mismas revistas (Revista de Occidente y Litoral).
  • Reivindicaron la tradición literaria española renovándola con una lengua y un estilo influidos por la vanguardia surrealista.
  • Todos tienen una visión común de la poesía basada en la seriedad y la reflexión.
  • Tienden al equilibrio, a la síntesis, entre polos opuestos: Celebran y alaban la modernidad: representan la ciudad como luminosa, moderna, progresista. La ciudad es para ellos el sitio “in”; lugar de los grandes almacenes, los hoteles, los bares, salas de baile, cines, luces eléctricas, las comunicaciones por radio y teléfono, el transporte por avión y en auto.
    • Entre lo intelectual y lo sentimental: refrenan la emoción por el intelecto; defienden la inteligencia y la sensibilidad pero no el intelectualismo y la sensiblería.
    • Entre una concepción romántica del arte fundamentada en el arrebato y la inspiración, y una concepción clásica de esfuerzo y disciplina.
    • Entre la pureza estética y la autenticidad humana, entre la poesía pura del arte por el arte y la poesía auténtica, humana, preocupada por los problemas del hombre.
    • Entre el arte para minorías y mayorías.
    • Entre lo universal y lo español.
    • Entre la tradición y la renovación.
  • La naturaleza se presenta generalmente como prolongación de la ciudad o espejo del yo. Los miembros de esta generación sintieron gran afición por la “fiesta taurina” que, para ellos, era una muestra de la cultura del campo dentro de la ciudad.
  • El amor se presenta desde el erotismo, cosa poco tradicional en la literatura española. Se defendió la libertad sexual y de pareja, y se apoyó el feminismo.
  • Se manifiesta un compromiso social de izquierda.