Las Vanguardias

Las Vanguardias

El término vanguardia, del francés avant-garde, es un término del léxico militar que designa a la parte más adelantada del ejército, la que confronta la «primera línea» de avanzada en exploración y combate. Fueron los socialistas utópicos franceses de principios del siglo XIX los que comenzaron a aplicar el término a la política; luego adquirió, con Marx y Engels, el sentido de minoría esclarecida encargada de conducir la revolución. Posteriormente, el concepto de vanguardia fue adoptado entre los movimientos artísticos que se proponían romper con las convenciones estéticas vigentes. Denomina, pues, en el terreno artístico, una serie de movimientos de principios del siglo XX que buscaban innovación en la producción artística.

Tanto España como los países hispanoamericanos se harán eco —y reelaborarán— las vanguardias surgidas en Francia, Alemania, Italia y Rusia. Estos movimientos literarios y artísticos se oponían al pasado artístico y proponían, a través de manifiestos, alternativas renovadoras o revolucionarias dentro del ámbito estético. Se destacaban por la renovación radical en la forma y el contenido; exploraban la relación entre arte y vida, y buscaban reinventar el arte confrontando movimientos artísticos anteriores.

La característica primordial del vanguardismo es la libertad de expresión, que se manifiesta alterando la estructura de las obras, abordando temas tabú y desordenando los parámetros creativos. En poesía se rompe con la métrica, y cobran protagonismo aspectos antes irrelevantes, como la tipografía; en pintura se rompe con las líneas, las formas, los colores neutros y la perspectiva.
Contexto histórico y cultural:

El primer tercio del siglo XX se caracterizó por grandes tensiones y enfrentamientos entre las potencias europeas. La Primera Guerra Mundial (1914- 1918) resultó en más de 17 millones de muertos mientras la Revolución Rusa (octubre de 1917) fomentaba las esperanzas en un régimen económico diferente y más justo para el proletariado.

Tras los felices años 1920, época de desarrollo y prosperidad económica conocida como "les années folles" ("the Roaring Twenties"), vendría el gran desastre de la bolsa de Wall Street (1929) y volvería una época de recesión y conflictos que provocarían la gestación de los sistemas totalitarios (fascismo y nazismo) que conducirían a la Segunda Guerra Mundial (1939-45).

Desde el punto de vista cultural, fue una época dominada por las transformaciones y el progreso científico y tecnológico (la aparición del automóvil y del avión, el cinematógrafo, el gramófono, etc.). El principal valor fue, pues, el de la modernidad (o sustitución de lo viejo y caduco por lo nuevo, original y mediado tecnológicamente). En el movimiento de ideas, destacaron el psicoanálisis y la teoría de la relatividad.

En el ámbito literario, se manifestó una voluntad de ruptura con lo anterior, de lucha contra el sentimentalismo, de exaltación del inconsciente, de lo irracional, de la libertad, de la pasión y del individualismo, de donde nacieron las vanguardias.

El Cubismo:

Fue la primera vanguardia verdadera, en el sentido que rompió con la regla renacentista más importante: la perspectiva, o ilusión de profundidad. Cambió la figuración para siempre.

Surgió en Francia pero entre sus máximos representantes se encuentran dos pintores españoles, Pablo Picasso y Juan Gris. Este "ismo" es fundamentalmente pictórico y se caracteriza por una deconstrucción de la realidad. Se manifestó sin embargo también en poesía, con los caligramas de Guillaume Apollinaire, que representaban el primer experimento de poesía visual o "concreta". Los caligramas reproducían literariamente la idea de los pintores cubistas: descomponer y recomponer la realidad, a veces no sólo con la combinación de conceptos e imágenes sino también con una tipografía especial, creando imágenes visuales. El poeta chileno Vicente Huidobro fue particularmente estimulado por este cubismo literario.

El nombre "cubismo" se debe a un crítico de arte que hablando de un cuadro expuesto por Braque en 1908, dijo, con intención despectiva, que parecía una "pintura compuesta de pequeños cubos".

Las esculturas de Polinesia y de Africa que Picasso y George Braque fueron a ver en la Gran Exposición etnográfica de 1907 en Paris, tuvo una influencia determinante sobre ellos. Otra influencia importante fue la de su precursor, Paul Cézanne, por la solidez y densidad de sus objetos, que proponían un sentido de la realidad muy diferente al de las formas disueltas de los Impresionistas.

Los cubistas rechazaban la idea que el arte debe copiar la naturaleza. Querían enfatizar el hecho que un cuadro es un objeto en dos dimensiones. Reducen y fracturan los objetos en sus formas geométricas y usan múltiples y contrastados puntos de vista simultáneamente; o sea que representan todas las partes de un objeto, o persona, en un mismo plano.

Para ellos, la representación del mundo ya no debía tener ningún compromiso con la apariencia de las cosas sino con lo que se sabe de ellas. Los géneros favoritos de los cubistas fueron el bodegón (generalmente con instrumento musical) y el retrato.

En la primera época de este movimiento, llamada "cubismo analítico" (1909-12), dominan los tonos monocromáticos (grises, marrones, ocres); lo importante eran los diferentes puntos de vista y la geometrización. Es difícil descodificar las figuras, reconstruir mentalmente los objetos.

En la segunda época, llamada "cubismo sintético" (1912-14), aparecen palabras y números, primero pintados, y luego "pegados" sobre el lienzo: los "papiers collés". Poco a poco, aparecerán "pegados" sobre el lienzo tiras de tapicería, pedazos de periódicos, partituras y hasta naipes y cajas de cerillas. Los colores se hacen más vibrantes, y la preocupación por reducir todo a volúmenes y planos desaparece. Aunque estén reducidos a lo esencial, se reconocen los objetos y figuras.

El Futurismo:

Fue fundado en Italia en 1909 por Filippo Marinetti. Deslumbrado por los avances de la modernidad científica y tecnológica, lanzó su Manifiesto del Futurismo, proclamación que apuesta al futuro y rechaza todo lo anterior. Su proposición más famosa es: "...un automóvil rugiente ... es más bello que la Victoria de Samotracia".

Al año siguiente los artistas italianos Giacomo Balla, Umberto Boccioni, Carlo Carrà, Luigi Russolo y Gino Severini firmaron el Manifiesto técnico de la pintura futurista.

Este movimiento se manifestó principalmente en pintura pero también en poesía, con las "palabras en libertad": poemas que descartan o destruyen la sintaxis (suprimiendo adjetivos y adverbios, y acumulando sustantivos) y usan valores plásticos.

Los futuristas negaban cualquier forma de arte pasado y defendían el valor estético del industrialismo, de la técnica, las máquinas, etc... Celebraron un culto a la velocidad, la energía, la juventud, la audacia y los deportes. Cuadros y poemas elegían como temas la máquina, el avión, la electricidad, los deportistas ...

En pintura, el futurismo se caracterizó por el intento de captar la sensación de movimiento. Para ello, los pintores superponían acciones consecutivas, produciendo una especie de fotografía "estroboscópica" o serie de fotografías tomadas a gran velocidad e impresas en un solo plano.

La estética futurista, sin embargo, pregonaba una ética fundamentalmente machista, misógina, guerrera y nacionalista. Entre sus postulados, dignificaba la guerra como una fórmula para el saneamiento de un mundo anacrónico y decrépito. En 1919, Marinetti ingresó en el movimiento fascista de Mussolini.

El Futurismo o Constructivismo Ruso:

Surgió en Rusia en los años previos a la Primera Guerra Mundial. Suele considerarse el acto inicial del movimiento la publicación, en diciembre de 1912, del manifiesto "Bofetada al gusto del público", firmado por los componentes del grupo Hylaea, de San Petersburgo, entre los cuales el más famoso es Vladímir Mayakovski. Buscaron deliberadamente causar escándalo y llamar la atención anunciando que repudiaban el arte estático del pasado. Según ellos, autores como Pushkin, Tolstói y Dostoyévski debían ser "arrojados por la borda del barco de la Modernidad". No reconocían ningún tipo de líder o mentor literario.

Al igual que los italianos, los futuristas rusos estaban fascinados por el dinamismo, la velocidad y la inquietud de la vida urbana moderna. Sin embargo, al contrario de los italianos, los pintores rusos admiraban e imitaron el arte popular de su país, el "primitivismo" campesino.

El afilador de Kazimir Malevich es un ejemplo del futurismo particular de los rusos. Es un análisis pictórico del movimiento del afilador y su máquina. Pero la voluntad de representar la velocidad, de remitirnos específicamente al tema del movimiento todopoderoso, están ausentes. Las líneas del movimiento no se expanden hacia el espacio en derredor. El hombre y su máquina aparecen como una fuerza que crea orden en un mundo desordenado. Se trata de un dinamismo equilibrado, que compone un mundo que pertenece al hombre; el hombre se ayuda de su máquina, pero no se rinde a ella.

En la Rusia que preparaba la revolución se veía la máquina ciertamente como una fuerza liberadora, que redime al hombre de la tiranía de la naturaleza y le da la posibilidad de crear un mundo que se corresponda a su humanidad. La esperanza en la transformación del orden social a través de la máquina es algo sensiblemente distinto a la exaltación futurista italiana de la máquina como signo de modernidad.

Más aún que el movimiento fundado por Marinetti, el futurismo ruso fue tan literario como plástico. Artistas ya consagrados, como Mijaíl Lariónov, Natalia Goncharova y Kazimir Malévich, encontraron inspiración en la refrescante imaginería de los poemas futuristas e incluso llegaron a experimentar ellos mismos con el verso. Poetas y pintores colaboraron en producciones de carácter innovador.

Los rusos fueron los primeros en experimentar con la abstracción pura. Los artistas del grupo Blaue Reiter (1911-13), entre los cuales Vasili Kandinsky, compartían el deseo de expresar "verdades espirituales" a través de su arte. Creían en la conexión entre las artes visuales y la música; las asociaciones simbólicas y espirituales del color; y un acercamiento instintivo y espontáneo a la pintura. Kandinsky pensaba que con colores y formas simples podría inducir el espectador a percibir sentimientos y emociones - teoría que lo llevó a la abstracción.

El Expresionismo:

Nació en Alemania en 1911 y siguió desarrollándose durante la República de Weimar, especialmente en Berlín. Tuvo también seguidores en Escandinavia (E. Munch). Expresó la angustia del artista ante un futuro sombrío plagado de autoritarismo y violencia. El estilo expresionista se manifestó en todas las artes, incluyendo la pintura, la literatura, el teatro, la danza, el cine, la arquitectura y la música.

Su rasgo más característico es el deseo de representar el mundo únicamente desde una perspectiva subjetiva, distorsionando radicalmente lo representado para conseguir un efecto emocional y evocar ideas o estados de ánimo. En otras palabras, los artistas se esforzaban en "expresar" un significado o una experiencia emocional, no una realidad física. El énfasis sobre la perspectiva individual era parte de su reacción en contra del positivismo y de estilos artísticos como el impresionismo o el naturalismo.

El sentimiento dominante en las obras expresionistas es el que los alemanes llaman "angst": ira y angustia a la vez. Lo importante no era producir un efecto estéticamente agradable, sino representar la reacción emocional poderosa y enteramente subjetiva del artista frente al mundo, gracias al uso de colores violentos y composiciones dinámicas.

El expresionismo tuvo una marcada influencia sobre los pintores muralistas y los cineastas mexicanos.

Dadá, o el Dadaísmo:

Nació en Zurich, Suiza, en 1916. El gran protagonista de este movimiento extraordinariamente provocador fue Tristán Tzara, poeta, editor y ensayista rumano.

El nombre de dadá (palabra francesa del lenguaje infantil que significa caballito de madera o "hobbyhorse") fue elegido por Tzara abriendo al azar un diccionario y leyendo la primera palabra de la columna de izquierda. Nombraba al grupo de artistas e intelectuales refugiados de toda Europa que se reunían y presentaban en el Cabaret Voltaire. Fundado por el escritor alemán Hugo Ball y su esposa la poeta Emmy Hennings, este Cabaret Voltaire montaba exposiciones, lecturas de poesía y actos radicalmente experimentales, estridentes y provocadores.

Entre los artistas e intelectuales asociados a Dada en Zurich se encontraban: el artista francés Jean Arp y su esposa Sophie Taeuber, el escultor Marcel Janko de Rumanía, y los pintores Hans Richter y Richard Huelsenbeck, alemanes.

Paralelamente a las actividades de Dadá en Zurich, se producía en Nueva York una revolución contra el arte convencional liderada por el fotógrafo americano Man Ray, el pintor francés Marcel Duchamp y el pintor español Francisco Picabia.

Tras el final de la guerra, una rama Dadá francesa se creó en París de la que surgiría más tarde el surrealismo (André Breton, Max Ernst), y el movimiento se extendió también hacia Holanda y Alemania (Kurt Schwitters, Hannah Hoch).

El movimiento llegó a abarcar casi todos los géneros artísticos. Fue la expresión de una protesta nihilista contra la totalidad de los aspectos de la cultura occidental, en especial el militarismo, las convenciones sociales y la lógica, que los artistas consideraban como responsables de la catástrofe de la Primera Guerra mundial. Aunque los dadaístas utilizaron técnicas revolucionarias, sus ideas contra las normas se basaban en una profunda creencia, derivada de la tradición romántica, en la bondad intrínseca de la humanidad cuando no ha sido corrompida por la sociedad.

Dadá se presentaba como una ideología total, una forma de vivir y un rechazo absoluto a toda tradición o esquema anterior. Habiendo empezado como una respuesta negativa a la sociedad burguesa y a su legado cultural, terminó alterando radicalmente el concepto y la creación de "arte". Fue el predecesor y catalizador del tipo de arte al que estamos acostumbrados hoy en día.

Los dadaístas se caracterizaron por un deseo de destrucción de todo lo establecido. Fundamentalmente, el movimiento se oponía al concepto occidental de" razón" y se rebelaba contra todas las convenciones literarias y artísticas, la moralidad y el modo de vivir burgueses. Fue un movimiento anti-artístico, anti-literario y anti-poético porque cuestionaba la existencia misma del arte, de la literatura y de la poesía. Estaban en contra de todo movimiento – incluyendo el suyo propio.

El Dadaísmo se manifestó contra: la "belleza eterna", la "eternidad de los principios morales", las leyes de la lógica, la inmovilidad del pensamiento, los conceptos abstractos y lo universal en general. Al contrario, apoyaba: la desenfrenada libertad del individuo, la espontaneidad, lo aleatorio, las contradicciones, el caos, la imperfección.

Los Dadaístas negaban el sentido común y las construcciones conscientes. Sus formas expresivas eran el gesto, el escándalo y la provocación. Para ellos la poesía sólo podía estar en la acción, y las fronteras entre vida y arte debían ser abolidas.

Una pieza creada por los Dadaístas no estaba basada en ningún estándar formal y debía ser interpretada libremente por el espectador.

Con el fin de expresar el rechazo de todos los valores sociales y estéticos del momento, y todo tipo de codificación, y de descreditar la actividad artística, los dadaístas recurrían con frecuencia a la utilización de métodos artísticos y literarios deliberadamente incomprensibles, que se apoyaban en lo absurdo e irracional. Sus representaciones teatrales y sus manifiestos buscaban impactar o dejar perplejo al público con el objetivo de que éste reconsiderara los valores estéticos establecidos.

He aquí la "receta" de Tzara para hacer un poema dadaísta: "Coja un periódico. Coja unas tijeras. Escoja en el periódico un artículo de la longitud que cuenta darle a su poema. Recorte el artículo. Recorte cada una de las palabras y métalas en una bolsa. Agítela suavemente. Ahora saque cada recorte y cópielo concienzudamente en el orden en que haya salido de la bolsa. El poema se parecerá a usted. Y es usted un escritor infinitamente original y de una sensibilidad hechizante, aunque incomprendido del vulgo".

En las artes plásticas, resolvieron renovar la expresión mediante el empleo de materiales inusuales: objetos prefabricados, restos industriales, desechos encontrados en la calle, y nuevos métodos, como la inclusión del azar para determinar los elementos de las obras. Ellos inventaron la técnica del fotomontaje. El pintor y escritor alemán Kurt Schwitters destacó por sus collages realizados con papel arrancado de revistas y otros materiales similares. Los collages geométricos de Jean Arp dependían enteramente de patrones aleatorios: tiraba papeles recortados al suelo y luego los pegaba según el orden en que habían caído, renunciando así por completo a la idea que el artista controla su obra. El artista francés Marcel Duchamp expuso como obras de arte productos comerciales corrientes —un secador de botellas y un urinario— a los que denominó ready-mades. Duchamp cuestionaba la propia existencia del objeto artístico y tanto la validez como el valor de lo que llamamos "arte". También atacaba la idea de que el arte requiere tiempo y paciencia. El cuadro de Max Ernst Celebes, de 1919, representa una criatura ambigua que se parece vagamente a un elefante (o también a una caldera!). En la esquina inferior derecha, un cuerpo sin cabeza parece "hacerle señas" a la criatura, añadiendo una nota perturbadora a la atmósfera humorística. Esta pintura es un ejemplo del tipo de imaginería caprichosa y fantástica que caracterizó al dadaísmo y más adelante al surrealismo.

La influencia de Dadá fue amplia e intensa y tuvo repercusiones en todos los campos artísticos. Su aporte permanente al arte moderno es el cuestionamiento continuo (¿qué es el arte o qué es la poesía?); la conciencia de que todo es una convención que puede ser cuestionada y, por tanto, que no hay reglas fijas y eternas que legitimen de manera histórica lo artístico. Gran parte de lo que el arte actual tiene de provocación viene de Dadá, así como la mezcla de géneros y materias propia del collage. La diferencia fundamental estriba en que el arte actual se toma en serio a sí mismo, mientras que el dadaísmo nunca olvidó el humor.

Dos "ismos" específicamente hispánicos: el Creacionismo y el Ultraísmo

El Creacionismo nació en 1918 siendo su autor más importante Vicente Huidobro. Para este poeta chileno y los demás creacionistas, el poeta no debía limitarse a reflejar la Naturaleza, sino que debía mantener con ella una especie de competición en la que el autor podía mostrar el vitalismo de su propia obra. El conflicto entre naturaleza y arte se resolvía para él en la declaración que: "el poeta ha de crear su poema como la naturaleza crea un árbol". Esta concepción del arte en general supuso la necesidad de crear nuevas imágenes y un nuevo lenguaje poético que rompió con todos los niveles de la lengua, generando su propia sintaxis (yuxtaposición de oraciones, vocablos o sonidos puestos en contacto sin una lógica evidente). Huidobro reconoció su deuda al imagismo anglo-americano de Ezra Pound, al cubismo y al dadaísmo.

El Ultraísmo nació en Madrid en 1919 por medio del Primer manifiesto ultraísta, del poeta Rafael Cansino-Asséns. Movimiento "ultrarromántico", renegaba de lo "viejo" (el modernismo), de la oratoria y la retórica, de los prejuicios moralistas o académicos, y defendía un "estar adelante siempre en arte y en política, aunque vayamos al abismo", construyendo la fraternidad universal a través de las nuevas estéticas, siempre "subversivas y heréticas" porque "atacan al régimen y a la religión".

Lo "nuevo" se reveló en una mezcla de influencias: desde el dadaísmo y el expresionismo, hasta el futurismo, el cubismo y el creacionismo. El ultraísmo se expresó sobre todo a través de revistas, en las que publicaban poetas del círculo de Cansinos-Asséns. Estos poetas experimentaron con toda clase de técnicas literarias revolucionarias: neologismos, imágenes cinemáticas, abandono de los signos de puntuación, juegos con la disposición tipográfica. Entre los más famosos se encuentran Jorge Luis Borges (que más adelante preferirá no recordar esa fase juvenil de su obra literaria!), Ramón Gómez de la Serna, cuyas "greguerías" estaban muy próximas al culto de la imagen sorprendente e ingeniosa, Guillermo de Torre, Gerardo Diego, Juan Larrea y el peruano César Vallejo.

Bajo la influencia del ultraísmo, el argentino Oliverio Girondo escribió el manifiesto de la revista Martín Fierro, que comenzaba diciendo "Contra la impermeabilidad hipopotámica del honorable público" y afirmaba la importancia de lo propio sin perder de vista la influencia de otras culturas —"hay que absorber al otro, al enemigo sacro".

También en México hubo una versión peculiar del ultraísmo: el estridentismo de Manuel Maples Arce, Germán List Arzubide y Salvador Gallardo, cuyo primer manifiesto incluía los nombres de Cansinos-Asséns, Borges, Gómez de la Serna, Guillermo de Torre y otros, proponía un sincretismo de todos los movimientos, y mandaba a "Chopin a la silla eléctrica". Ya el poeta mexicano Enrique González Martínez había escrito en 1911 su soneto antimodernista 'Tuércele el cuello al cisne'.

En Puerto Rico, hubo manifiestos euforistas (Vicente Palés Matos y Tomás L. Batista) y uno atalayista (C. Soto Vélez). En Cuba, se puso de moda el negrismo. Las relaciones entre arte y política se desenvolvieron a través del conflicto entre nacionalismo y cosmopolitismo.