THE CULTURE OF

Spain & Latin America

Literature

Spanish literature ranges from ancient lyrical epics to modern day works by Javier Maras and Rosa Montero. Here’s a brief outline of important eras in Spanish writing:

  • PRE-MEDIEVAL: While no true Castilian writings have ever been found, it’s thought that the cultural blending of Muslim and Rome helped give intellectual energy to what would follow.
  • MEDIEVAL: The earliest recorded ancestor of Spanish literature can be found in the epic poem the Cantar de Mio Cid. Lyrical poetry of various styles dominated this age.
  • RENAISSANCE: Literary production increased during this era.  Novels focused on love, nature, and feminine beauty. Famous works included the El Lazarillo de Tormes.
  • BAROQUE: This period in Spanish literature, the 17th century, was marked by writings of pessimism and disillusionment. Drama and stage plays became more prominent.
  • ENLIGHTENMENT: This period corresponded to the 18th century. Enlighten era thinkers sought to discover the root of ethics, government, and human activity. Other trends in this era included Anti-Baroquism, Neoclassicism, and Pre-Romanticism.
  • ROMANTICISM: During the early 19th century, Spanish works were typically characterized by a rejection of Neoclassicism, subjectivism, an attraction to the nocturnal, and a tendency towards the fantastic. Satire also became more commonplace.
  • REALISM: The latter part of the 19th century saw an era focused on naturalist themes such as objectivity, science, and theorems.

 

Spanish Fun Online believes the below are two of the most important novels ever published in the Spanish language:

  • DON QUIXOTE:   Written by Miguel de Cervantes in 1605, Don Quixote is considered the world’s first modern novel. It follows Alonso Quixana as his obsession with books of chivalry drives him to madness. He renamed himself Don Quixote de La Mancha and traveled the countryside as a knight-errant.
  • LAZARILLO DE TORMES: Comparable to The Adventures of Huckleberry Finn in theming, Lazarillo De Tormes followed the economically-challenged Lazaro  as he tried to take over his father’s business.  This wily, cunning protagonist can be considered one of the earliest “anti-heroes”.

Below are four authors considered truly important to the development of Spanish literature:

  • MIGUEL DE CERVANTES: The writer of the world’s first known novel, Don Quixote, this man is known as the father of modern literature.  His life, which started in 1567, was built upon a foundation of military service and poverty. While he never reached literary fame in his lifetime, you can find Cervantes’ work published in a variety of languages from around the globe.
  • RUBEN DARIO: Ruben Dario, also known as “The Prince of Castilian Letters” was an acclaimed Nicaraguan poet who introduced modernism to Spanish literature.  In addition to his work with the newspaper La Nacion, he published two books of poetry titled Azul and Prosas Profanas.
  • FEDERICO GARCIA LORCA: One of the key Spanish dramatists and poets of the twentieth century, Garcia Lorca published his first novel in 1919.  His works include the three great tragedies of the 1930s: Bodas de Sangre, Yerma, and La Casa de Bernarda Alba.  After Franco came to power, many of Lorca’s books were banned and burned across Spain.
  • GABRIEL GARCIA MARQUEZ: Born in the 1920s, Marquez gained a worldwide readership for his own unique take on magical realism. He was born the eldest of twelve children and raised by his maternal grandparents. Marquez credited his grandparents for many of his story ideas. His books included El Amor en Los Tiempos del Colera (Love in the Time of Cholera) and Cien Anos de Soledad (One Hundred Years of Solitude).
  • JORGE LUIS BORGES: An essayist, poet, translator, and short-story writer born in Argentina, Borges contributed heavily to the philosophical literature movement. His most famous works include “Ficciones” and “The Aleph”. His greatest contribution of all, however, was bringing Latin American literature out of academia and into the homes of the everyday reader.

El Surrealismo

I. Definición y características:

El Surrealismo fue uno de los movimientos artísticos e intelectuales más extraordinarios del siglo XX. Los surrealistas se propusieron “liberar la imaginación humana” y su visión, expresada en las obras de algunos de los más grandes poetas, escritores y artistas del siglo, ha tenido un impacto profundo sobre la vida moderna. Varios aspectos de la crítica surrealista de los valores convencionales todavía tienen resonancia hoy en día.

Surgió a partir del Dadaísmo, alrededor del año 1920, en torno a la personalidad del poeta francés André Bretón. Freudianos y marxistas, los surrealistas tenían como metas « cambiar la vida» y « transformar el mundo».

Los Surrealistas compartieron con Dada el deseo de explorar nuevos métodos o vías para la expresión de la creatividad.  También heredaron del Dadaísmo el rechazo de la razón lógica, el interés por el azar, el odio a las convenciones, el desprecio por las religiones establecidas y los valores burgueses, y la voluntad de borrar las diferencias entre “arte” y “vida”.

El Surrealismo fue ante todo un movimiento poético, en el que pintura y escultura se concebían como consecuencias plásticas de la poesía. Al principio, se enfocó únicamente en la “escritura automática” (vean la “receta” de Bretón, copias), proponiéndose expresar el pensamiento subconsciente del artista. Los Surrealistas otorgaban valor supremo al deseo erótico como motor de la vida, y al subconsciente como centro de la obra artística. Pensaban que, al dejar que su subconsciente se expresara libremente, revelarían una surrealidad más auténtica y valiosa que la realidad del mundo racional o natural. Por eso, para “liberar el pensamiento de la cárcel de la razón” (Bretón) practicaron la libre asociación (técnica psicoanalítica que adaptaron a la literatura) y numerosos juegos verbales o plásticos basados en el azar. A través de imágenes sobrecogedoras, poetas y pintores esperaban revelar un mundo “otro”, más allá de lo “real”, el mundo de la fantasía y de los sueños. Estas imágenes (tanto verbales como plásticas) ignoran la lógica, la causalidad y las leyes naturales, pero impactan emocionalmente.

En su Primer Manifiesto del Surrealismo (1924), Bretón lo definía como: “Automatismo psíquico puro, por cuyo medio se intenta expresar, verbalmente, por escrito o de cualquier otro modo, el funcionamiento real del pensamiento. Es un dictado del pensamiento, sin la intervención reguladora de la razón, ajeno a toda preocupación estética o moral”.

A través de la recuperación del inconsciente, de los sueños, los Surrealistas trataron de “dejar libre” el paso a las pasiones y a los deseos – único modo, para ellos, de alcanzar la verdad y la felicidad. Tres palabras se unían para ellos en un sólo significado: amorpoesía y libertad. En esto se ve que los surrealistas eran descendientes directos del Romanticismo, pero en su forma “moderna”.

Para los Surrealistas, el arte no era tanto “representación” sino comunicación vital directa del individuo con el todo. Esta conexión se expresaba según ellos de forma privilegiada en el “azar objetivo” ( = las casualidades significativas donde el deseo del individuo y el destino ajeno a él convergen imprevisiblemente: “sincronicidad”) y en los sueños (en los cuales los elementos más dispares se revelan unidos por relaciones secretas). Los surrealistas se propusieron trasladar esas imágenes al mundo del arte por medio de la “asociación mental libre”, sin permitir que se entrometiera la censura de la conciencia o de la estética. De ahí el automatismo” o “escritura automática”; esta técnica recogía en cierto modo las prácticas mediúmnicas espiritistas, pero cambiando radicalmente su interpretación: los que hablan a través del médium son los espíritus, pero lo que habla a través del poeta es el inconsciente.

Además de la escritura automática, practicaron el humor negro y toda clase de “ejercicios” para “liberar” el inconsciente. Por ejemplo, el juego llamado “cadáver exquisito”: varios artistas y/o poetas dibujaban en turno sobre un papel que iban doblando las distintas partes de una figura – o escribían una línea de un poema – sin ver lo que el anterior había hecho. La “obra” realizada en común expresaba el “inconsciente colectivo” del grupo.

A partir de 1925, el Surrealismo se politizó, integrándose casi todos sus miembros al Partido Comunista. Pero se produjeron violentas discrepancias en el seno del grupo a propósito del debate sobre la relación entre arte y política, y ya para mediados de los años 30 casi todos se separaron o fueron expulsados del Partido, sin perder sus ideales de izquierda. El marxismo siendo la forma política extrema de la Ilustración, los Surrealistas en efecto intentaron la empresa imposible de unir Romanticismo y Siglo de las Luces.

Un aspecto muy interesante del movimiento fue su intensa preocupación por la situación de las mujeres. Los surrealistas deseaban que las mujeres fueran tan libres como los hombres (en todos los sentidos). Citaban esta frase de Saint-Just (revolucionario francés): “Entre las gentes verdaderamente libres, las mujeres son libres y adoradas”. Muchas mujeres, sobre todo artistas, se unieron al movimiento, que las celebró y les facilitó el acceso a las galerías, hasta entonces fuera de su alcance. Sin embargo, la posición surrealista es compleja y ambigua: idealizaban a la mujer como “salvación del hombre” (idea romántica); como rebelde por naturaleza y provocadora de desorden; como poseedora de dones especiales – pero muchas de sus obras representan el cuerpo femenino sometido a la violencia.

El movimiento surrealista se extendió internacionalmente. Tuvo en particular una marcada influencia sobre las letras y las artes plásticas en España y Latinoamérica.

II. El Surrealismo en las artes plásticas:

El Surrealismo cuenta con varios grandes pintores internacionales, muchos de ellos hispanos: Max Ernst (alemán); Paul Klee (suizo); Marcel Duchamp, André Masson, Yves Tanguy (franceses); Paul Delvaux y René Magritte (belgas); Giorgio de Chirico, Alberto Giacometti (italianos); Man Ray y Meret Oppenheim (norteamericanos); Roland Penrose, Leonora Carrington (ingleses, pero ella vivió la mayor parte de su vida en México); Pablo Picasso, Salvador Dalí, Joan Miró, Remedios Varo y Oscar Domínguez (españoles); Wilfredo Lam (cubano); Roberto Matta (chileno); Leonor Fini (argentina); Diego Rivera y Frida Kahlo (mexicanos).

Los pintores y fotógrafos surrealistas fueron muy inventivos: continuaron el uso del “collage”, del “assemblage” (montaje de objetos incongruentes), del fotomontaje, y del “objet trouvé” (objeto encontrado) que les venían de Dada. También inventaron técnicas nuevas: el “frottage” (dibujos compuestos por el roce de superficies rugosas contra el papel o el lienzo), la decalcomanía (se aplica gouache negro sobre una hoja de papel que se coloca encima de otra hoja sobre la cual se ejerce presión; luego se despegan antes de que se sequen) y varias técnicas fotográficas (solarización, doble exposición, rayogramas y fotogramas).

Los surrealistas integraron al arte de la pintura el azar, un fuerte erotismo, la exploración de imágenes de sueños y una carga conceptual basada en el juego de imágenes ambiguas. Entre ellos se distinguen los “abstractos” (como Miró, Matta o Lam), que inventan universos figurativos propios, y los “figurativos” (como Frida Kahlo, Dalí y Varo), que se sirven de un realismo minucioso y de medios técnicos tradicionales, pero se apartan de la pintura tradicional por la inusitada asociación de objetos así como la atmósfera onírica y delirante.

En el cine, el director más famoso del movimiento es Luis Buñuel (nacido en España, emigró a México, trabajó en México y en Francia). Sus dos primeras películas fueron experimentos surrealistas subversivos que se proponían escandalizar: Un perro andaluz y La edad de oro (1929-30). El surrealismo siguió presente en sus grandes obras de madurez: Los olvidados (1950), La vida criminal de Archibaldo de la Cruz (1955), Viridiana(1961), El ángel exterminador (1962), El discreto encanto de la burguesía (1972), Ese oscuro objeto del deseo(1977).

III. El Surrealismo en las letras:

En el terreno literario, los surrealistas no querían asumir ninguna tradición cultural, ni desde el punto de vista temático ni en lo formal. Experimentaron con trabajos en colaboración y textos escritos bajo la influencia de las drogas. En poesía adoptaron un verso libre de extensión indefinida. En prosa, utilizaron transcripciones de sueños y el uso sistemático de la escritura automática. Sus temas son el erotismo, los sueños, la fantasía y los estados alterados de conciencia.  

En las letras hispanas el Surrealismo tuvo una gran repercusión. En España, los poetas de la Generación del 27 (Federico García Lorca, Rafael Alberti, Luis Cernuda y Vicente Aleixandre) se interesaron por sus posibilidades expresivas, aunque nunca adoptaron la escritura automática. En Hispanoamérica, se entusiasmaron por sus ideas y sus técnicas los poetas Pablo Neruda y César Vallejo, cuya colección Trilce es el ejemplo más perfecto, singular y profundo de un vanguardismo combativo y personal, que une la expresión individual del poeta a un espectacular renuevo poético y a la solidaridad social. Los novelistas Julio Cortázar, Felisberto Hernández, José Lezama Lima y Alejo Carpentier y el ensayista Octavio Paz también fueron influenciados por el movimiento. El “realismo mágico” o “real maravilloso” puede ser considerado como una adaptación o versión hispana del Surrealismo. Leeremos cuentos de Julio Cortázar y Felisberto Hernández que muestran su clara filiación surrealista.

IV. La Generación del 27:

En 1927, al cumplirse el tricentenario de la muerte del poeta barroco Luis de Góngora, un grupo de escritores jóvenes organizó un acto conmemorativo en Sevilla: así nació la llamada “generación del 27”. En ella coexisten diversas tendencias, desde la recuperación de los hallazgos más interesantes del ultraísmo y del surrealismo, hasta la idea de una poesía “pura” o la búsqueda de un contacto con la lírica tradicional y popular.

La idea de la poesía pura implicaba el afán de superar las formas del realismo, el culto de la imagen inusual y el rechazo de la emoción fácil (pero no del sentimiento). Al mismo tiempo, la Generación del 27 proponía la pluralidad de estilos y de lenguajes, sin renunciar a las formas clásicas. La presencia del surrealismo es visible en la incorporación de nuevos temas e imágenes a la poesía, sobre todo del mundo de los sueños, y en los juegos de palabras y la denuncia social. Destacan, por su clara filiación surrealista, Poeta en Nueva Yorkde Federico García Lorca, así como sus piezas teatrales El público y Así que pasen cinco años que revelan su afinidad con las búsquedas estéticas de Luis Buñuel y de Salvador Dalí.

Características generales de la Generación del 27:

  • Todos nacieron entre 1891 y 1905.
  • Todos tienen una formación intelectual semejante; casi todos fueron universitarios y pasaron por la 

Residencia de Estudiantes :

  • Todos escribieron en las mismas revistas (Revista de Occidente y Litoral).
  • Reivindicaron la tradición literaria española renovándola con una lengua y un estilo influidos por la vanguardia surrealista.
  • Todos tienen una visión común de la poesía basada en la seriedad y la reflexión.
  • Tienden al equilibrio, a la síntesis, entre polos opuestos: Celebran y alaban la modernidad: representan la ciudad como luminosa, moderna, progresista. La ciudad es para ellos el sitio “in”; lugar de los grandes almacenes, los hoteles, los bares, salas de baile, cines, luces eléctricas, las comunicaciones por radio y teléfono, el transporte por avión y en auto. 
    • Entre lo intelectual y lo sentimental: refrenan la emoción por el intelecto; defienden la inteligencia y la sensibilidad pero no el intelectualismo y la sensiblería.
    • Entre una concepción romántica del arte fundamentada en el arrebato y la inspiración, y una concepción clásica de esfuerzo y disciplina.
    • Entre la pureza estética y la autenticidad humana, entre la poesía pura del arte por el arte y la poesía auténtica, humana, preocupada por los problemas del hombre.
    • Entre el arte para minorías y mayorías.
    • Entre lo universal y lo español.
    • Entre la tradición y la renovación.
  • La naturaleza se presenta generalmente como prolongación de la ciudad o espejo del yo. Los miembros de esta generación sintieron gran afición por la “fiesta taurina” que, para ellos, era una muestra de la cultura del campo dentro de la ciudad.
  • El amor se presenta desde el erotismo, cosa poco tradicional en la literatura española. Se defendió la libertad sexual y de pareja, y se apoyó el feminismo.
  • Se manifiesta un compromiso social de izquierda.

El Posmodernismo En La Narrativa

I.Notas sobre el “posmodernismo”: El Posmodernismo en la narrativa

“Posmodernidad”, “posmodernismo” y “posmoderno” son términos que se han venido usando en los pasados cuarenta años para definir y describir obras de arte (en particular, obras de literatura, de arquitectura y de cine) contemporáneas.

Consideraré el posmodernismo en sus aspectos literarios, y particularmente en la narrativa.

Algunos estudiosos sitúan el advenimiento del posmodernismo justo después de la Segunda Guerra Mundial (1939-45) mientras otros consideran que las primeras manifestaciones de esta nueva sensibilidad que se define como posmoderna, no aparecieron sino a finales de los años sesenta.

Sea como fuere, el Posmodernismo es, como suele ocurrir con los movimientos literarios en general, al mismo tiempo una negación y una afirmación del paradigma modernista que le precede. Entre las dos guerras mundiales, en los años veinte y treinta, como hemos visto, el movimiento modernista había dominado la cultura mundial, manifestándose en particular en las varias vanguardias (dada, futurismo, expresionismo, surrealismo). El modernismo reflejaba la actitud propia de la modernidad, que es rebelarse contra las funciones normalizadoras de la tradición.  Los modernistas exaltaban la novedad, eran generalmente elitistas (o sea, se dirigían a un público culto), tenían ambiciones universalistas y pensaban que tanto el mundo como la mente humana eran coherentes y conocibles, aún en sus aspectos “escondidos” (inconscientes y oníricos, en particular)

El posmodernismo, al contrario, reniega de las ideas implícitas en la literatura modernista, en particular las siguientes:

– la distinción entre alta cultura (“high culture”) y cultura de masas (o cultura de consumo);

– la idea de la historia entendida como linealidad hacia un progreso asegurado;

– la confianza en los grandes discursos explicativos (marxismo, psicoanálisis, en particular).

Por otra parte, no tiene reparos en continuar con la experimentación iniciada por los escritores modernistas en cuanto a estructura narrativa.

Por consiguiente, la nueva novela posmoderna repudia las características de la novela realista del siglo XIX, que son:

  • Creencia de que el mundo tiene un estatus objetivo, diferenciándolo del estatus subjetivo de la visión de cada persona.
  • Convicción de que el lenguaje puede representar la realidad.
  • Creencia en la individualidad de la experiencia humana.
  • Confianza en la experiencia.

Para ocupar el lugar de estos valores obsoletos, la novela posmoderna trata la naturaleza aleatoria de la experiencia humana.

Las características de la narrativa posmoderna son:

  • Desaparición del narrador omnisciente, que es reemplazado por puntos de vista limitados, a veces incoherentes;
  • Personajes privados de profundidad psicológica;
  • Relación compleja entre narración y tiempo, con lo cual la narrativa está a menudo fragmentada, con constantes saltos en el tiempo e incluso repeticiones del mismo hecho varias veces;
  • Textos sobre textos y sobre las reglas de la escritura, o metaficción
  • Intertextualidad: puente que conecta con otras obras, incluyendo obras cinematográficas;
  • Humor, ironía y parodia: imitación de estilos de varios escritores y distintas épocas
  • Interpretación ambigua, significados posiblemente contradictorios.

Por lo general, las novelas postmodernas tienen un ritmo dinámico, muestran la vida de las grandes ciudades, se interesan por los marginados (sociales y sexuales) pero también por el mundo de la publicidad, de la comunicación de masas (“mass media”) y de la moda, y por consiguiente pueden ser transgresivas o/y a la vez, frívolas.  Pueden ser provocadoras y hasta ofensivas en su contenido sexualmente explícito. 

Temas tales como identidadmemoriapérdida y muerte, son frecuentes entre los novelistas posmodernos.

A menudo incorporan temas y códigos de la novela de folletín, novela detectivesca o de misterio, novela histórica, erótico-pornográfica etc…

El predominio de la privacidad en el posmodernismo hace que el protagonista va a ser

frecuentemente un individuo urbano que vive su día a día rutinario, y que, además, es él

mismo el que nos cuenta su historia del modo más subjetivo posible; de tal modo que se confunde el espacio del autor con el de la narración. Este predominio se opone claramente a la novela social de los años cincuenta y sesenta, que en cuanto a técnicas narrativas empleaba el “objetivismo” (dar un testimonio sin aparente intervención del autor).

El narrador se autoconstruye en el propio texto, con la consiguiente dosis de contradicción, duda y perplejidad–, y, por último, despolitización y desarraigo social. El mensaje que emite la nueva novela es el escepticismo que implica la negación de toda escala de valores que no sea la personal, y aun ésta se encuentra en continua fluctuación.

Las Vanguardias

Las Vanguardias

El término vanguardia, del francés avant-garde, es un término del léxico militar que designa a la parte más adelantada del ejército, la que confronta la «primera línea» de avanzada en exploración y combate. Fueron los socialistas utópicos franceses de principios del siglo XIX los que comenzaron a aplicar el término a la política; luego adquirió, con Marx y Engels, el sentido de minoría esclarecida encargada de conducir la revolución. Posteriormente, el concepto de vanguardia fue adoptado entre los movimientos artísticos que se proponían romper con las convenciones estéticas vigentes. Denomina, pues, en el terreno artístico, una serie de movimientos de principios del siglo XX que buscaban innovación en la producción artística.

Tanto España como los países hispanoamericanos se harán eco —y reelaborarán— las vanguardias surgidas en Francia, Alemania, Italia y Rusia. Estos movimientos literarios y artísticos se oponían al pasado artístico y proponían, a través de manifiestos, alternativas renovadoras o revolucionarias dentro del ámbito estético. Se destacaban por la renovación radical en la forma y el contenido; exploraban la relación entre arte y vida, y buscaban reinventar el arte confrontando movimientos artísticos anteriores.

La característica primordial del vanguardismo es la libertad de expresión, que se manifiesta alterando la estructura de las obras, abordando temas tabú y desordenando los parámetros creativos. En poesía se rompe con la métrica, y cobran protagonismo aspectos antes irrelevantes, como la tipografía; en pintura se rompe con las líneas, las formas, los colores neutros y la perspectiva.
Contexto histórico y cultural:

El primer tercio del siglo XX se caracterizó por grandes tensiones y enfrentamientos entre las potencias europeas. La Primera Guerra Mundial (1914- 1918) resultó en más de 17 millones de muertos mientras la Revolución Rusa (octubre de 1917) fomentaba las esperanzas en un régimen económico diferente y más justo para el proletariado.

Tras los felices años 1920, época de desarrollo y prosperidad económica conocida como “les années folles” (“the Roaring Twenties”), vendría el gran desastre de la bolsa de Wall Street (1929) y volvería una época de recesión y conflictos que provocarían la gestación de los sistemas totalitarios (fascismo y nazismo) que conducirían a la Segunda Guerra Mundial (1939-45).

Desde el punto de vista cultural, fue una época dominada por las transformaciones y el progreso científico y tecnológico (la aparición del automóvil y del avión, el cinematógrafo, el gramófono, etc.). El principal valor fue, pues, el de la modernidad (o sustitución de lo viejo y caduco por lo nuevo, original y mediado tecnológicamente). En el movimiento de ideas, destacaron el psicoanálisis y la teoría de la relatividad.

En el ámbito literario, se manifestó una voluntad de ruptura con lo anterior, de lucha contra el sentimentalismo, de exaltación del inconsciente, de lo irracional, de la libertad, de la pasión y del individualismo, de donde nacieron las vanguardias.

El Cubismo:

Fue la primera vanguardia verdadera, en el sentido que rompió con la regla renacentista más importante: la perspectiva, o ilusión de profundidad. Cambió la figuración para siempre.

Surgió en Francia pero entre sus máximos representantes se encuentran dos pintores españoles, Pablo Picasso y Juan Gris. Este “ismo” es fundamentalmente pictórico y se caracteriza por una deconstrucción de la realidad. Se manifestó sin embargo también en poesía, con los caligramas de Guillaume Apollinaire, que representaban el primer experimento de poesía visual o “concreta”. Los caligramas reproducían literariamente la idea de los pintores cubistas: descomponer y recomponer la realidad, a veces no sólo con la combinación de conceptos e imágenes sino también con una tipografía especial, creando imágenes visuales. El poeta chileno Vicente Huidobro fue particularmente estimulado por este cubismo literario.

El nombre “cubismo” se debe a un crítico de arte que hablando de un cuadro expuesto por Braque en 1908, dijo, con intención despectiva, que parecía una “pintura compuesta de pequeños cubos”.

Las esculturas de Polinesia y de Africa que Picasso y George Braque fueron a ver en la Gran Exposición etnográfica de 1907 en Paris, tuvo una influencia determinante sobre ellos. Otra influencia importante fue la de su precursor, Paul Cézanne, por la solidez y densidad de sus objetos, que proponían un sentido de la realidad muy diferente al de las formas disueltas de los Impresionistas.

Los cubistas rechazaban la idea que el arte debe copiar la naturaleza. Querían enfatizar el hecho que un cuadro es un objeto en dos dimensiones. Reducen y fracturan los objetos en sus formas geométricas y usan múltiples y contrastados puntos de vista simultáneamente; o sea que representan todas las partes de un objeto, o persona, en un mismo plano.

Para ellos, la representación del mundo ya no debía tener ningún compromiso con la apariencia de las cosas sino con lo que se sabe de ellas. Los géneros favoritos de los cubistas fueron el bodegón (generalmente con instrumento musical) y el retrato.

En la primera época de este movimiento, llamada “cubismo analítico” (1909-12), dominan los tonos monocromáticos (grises, marrones, ocres); lo importante eran los diferentes puntos de vista y la geometrización. Es difícil descodificar las figuras, reconstruir mentalmente los objetos.

En la segunda época, llamada “cubismo sintético” (1912-14), aparecen palabras y números, primero pintados, y luego “pegados” sobre el lienzo: los “papiers collés”. Poco a poco, aparecerán “pegados” sobre el lienzo tiras de tapicería, pedazos de periódicos, partituras y hasta naipes y cajas de cerillas. Los colores se hacen más vibrantes, y la preocupación por reducir todo a volúmenes y planos desaparece. Aunque estén reducidos a lo esencial, se reconocen los objetos y figuras.

El Futurismo:

Fue fundado en Italia en 1909 por Filippo Marinetti. Deslumbrado por los avances de la modernidad científica y tecnológica, lanzó su Manifiesto del Futurismo, proclamación que apuesta al futuro y rechaza todo lo anterior. Su proposición más famosa es: “…un automóvil rugiente … es más bello que la Victoria de Samotracia”.

Al año siguiente los artistas italianos Giacomo Balla, Umberto Boccioni, Carlo Carrà, Luigi Russolo y Gino Severini firmaron el Manifiesto técnico de la pintura futurista.

Este movimiento se manifestó principalmente en pintura pero también en poesía, con las “palabras en libertad”: poemas que descartan o destruyen la sintaxis (suprimiendo adjetivos y adverbios, y acumulando sustantivos) y usan valores plásticos.

Los futuristas negaban cualquier forma de arte pasado y defendían el valor estético del industrialismo, de la técnica, las máquinas, etc… Celebraron un culto a la velocidad, la energía, la juventud, la audacia y los deportes. Cuadros y poemas elegían como temas la máquina, el avión, la electricidad, los deportistas …

En pintura, el futurismo se caracterizó por el intento de captar la sensación de movimiento. Para ello, los pintores superponían acciones consecutivas, produciendo una especie de fotografía “estroboscópica” o serie de fotografías tomadas a gran velocidad e impresas en un solo plano.

La estética futurista, sin embargo, pregonaba una ética fundamentalmente machista, misógina, guerrera y nacionalista. Entre sus postulados, dignificaba la guerra como una fórmula para el saneamiento de un mundo anacrónico y decrépito. En 1919, Marinetti ingresó en el movimiento fascista de Mussolini.

El Futurismo o Constructivismo Ruso:

Surgió en Rusia en los años previos a la Primera Guerra Mundial. Suele considerarse el acto inicial del movimiento la publicación, en diciembre de 1912, del manifiesto “Bofetada al gusto del público”, firmado por los componentes del grupo Hylaea, de San Petersburgo, entre los cuales el más famoso es Vladímir Mayakovski. Buscaron deliberadamente causar escándalo y llamar la atención anunciando que repudiaban el arte estático del pasado. Según ellos, autores como Pushkin, Tolstói y Dostoyévski debían ser “arrojados por la borda del barco de la Modernidad”. No reconocían ningún tipo de líder o mentor literario.

Al igual que los italianos, los futuristas rusos estaban fascinados por el dinamismo, la velocidad y la inquietud de la vida urbana moderna. Sin embargo, al contrario de los italianos, los pintores rusos admiraban e imitaron el arte popular de su país, el “primitivismo” campesino.

El afilador de Kazimir Malevich es un ejemplo del futurismo particular de los rusos. Es un análisis pictórico del movimiento del afilador y su máquina. Pero la voluntad de representar la velocidad, de remitirnos específicamente al tema del movimiento todopoderoso, están ausentes. Las líneas del movimiento no se expanden hacia el espacio en derredor. El hombre y su máquina aparecen como una fuerza que crea orden en un mundo desordenado. Se trata de un dinamismo equilibrado, que compone un mundo que pertenece al hombre; el hombre se ayuda de su máquina, pero no se rinde a ella.

En la Rusia que preparaba la revolución se veía la máquina ciertamente como una fuerza liberadora, que redime al hombre de la tiranía de la naturaleza y le da la posibilidad de crear un mundo que se corresponda a su humanidad. La esperanza en la transformación del orden social a través de la máquina es algo sensiblemente distinto a la exaltación futurista italiana de la máquina como signo de modernidad.

Más aún que el movimiento fundado por Marinetti, el futurismo ruso fue tan literario como plástico. Artistas ya consagrados, como Mijaíl Lariónov, Natalia Goncharova y Kazimir Malévich, encontraron inspiración en la refrescante imaginería de los poemas futuristas e incluso llegaron a experimentar ellos mismos con el verso. Poetas y pintores colaboraron en producciones de carácter innovador.

Los rusos fueron los primeros en experimentar con la abstracción pura. Los artistas del grupo Blaue Reiter (1911-13), entre los cuales Vasili Kandinsky, compartían el deseo de expresar “verdades espirituales” a través de su arte. Creían en la conexión entre las artes visuales y la música; las asociaciones simbólicas y espirituales del color; y un acercamiento instintivo y espontáneo a la pintura. Kandinsky pensaba que con colores y formas simples podría inducir el espectador a percibir sentimientos y emociones – teoría que lo llevó a la abstracción.

El Expresionismo:

Nació en Alemania en 1911 y siguió desarrollándose durante la República de Weimar, especialmente en Berlín. Tuvo también seguidores en Escandinavia (E. Munch). Expresó la angustia del artista ante un futuro sombrío plagado de autoritarismo y violencia. El estilo expresionista se manifestó en todas las artes, incluyendo la pintura, la literatura, el teatro, la danza, el cine, la arquitectura y la música.

Su rasgo más característico es el deseo de representar el mundo únicamente desde una perspectiva subjetiva, distorsionando radicalmente lo representado para conseguir un efecto emocional y evocar ideas o estados de ánimo. En otras palabras, los artistas se esforzaban en “expresar” un significado o una experiencia emocional, no una realidad física. El énfasis sobre la perspectiva individual era parte de su reacción en contra del positivismo y de estilos artísticos como el impresionismo o el naturalismo.

El sentimiento dominante en las obras expresionistas es el que los alemanes llaman “angst”: ira y angustia a la vez. Lo importante no era producir un efecto estéticamente agradable, sino representar la reacción emocional poderosa y enteramente subjetiva del artista frente al mundo, gracias al uso de colores violentos y composiciones dinámicas.

El expresionismo tuvo una marcada influencia sobre los pintores muralistas y los cineastas mexicanos.

Dadá, o el Dadaísmo:

Nació en Zurich, Suiza, en 1916. El gran protagonista de este movimiento extraordinariamente provocador fue Tristán Tzara, poeta, editor y ensayista rumano.

El nombre de dadá (palabra francesa del lenguaje infantil que significa caballito de madera o “hobbyhorse”) fue elegido por Tzara abriendo al azar un diccionario y leyendo la primera palabra de la columna de izquierda. Nombraba al grupo de artistas e intelectuales refugiados de toda Europa que se reunían y presentaban en el Cabaret Voltaire. Fundado por el escritor alemán Hugo Ball y su esposa la poeta Emmy Hennings, este Cabaret Voltaire montaba exposiciones, lecturas de poesía y actos radicalmente experimentales, estridentes y provocadores.

Entre los artistas e intelectuales asociados a Dada en Zurich se encontraban: el artista francés Jean Arp y su esposa Sophie Taeuber, el escultor Marcel Janko de Rumanía, y los pintores Hans Richter y Richard Huelsenbeck, alemanes.

Paralelamente a las actividades de Dadá en Zurich, se producía en Nueva York una revolución contra el arte convencional liderada por el fotógrafo americano Man Ray, el pintor francés Marcel Duchamp y el pintor español Francisco Picabia.

Tras el final de la guerra, una rama Dadá francesa se creó en París de la que surgiría más tarde el surrealismo (André Breton, Max Ernst), y el movimiento se extendió también hacia Holanda y Alemania (Kurt Schwitters, Hannah Hoch).

El movimiento llegó a abarcar casi todos los géneros artísticos. Fue la expresión de una protesta nihilista contra la totalidad de los aspectos de la cultura occidental, en especial el militarismo, las convenciones sociales y la lógica, que los artistas consideraban como responsables de la catástrofe de la Primera Guerra mundial. Aunque los dadaístas utilizaron técnicas revolucionarias, sus ideas contra las normas se basaban en una profunda creencia, derivada de la tradición romántica, en la bondad intrínseca de la humanidad cuando no ha sido corrompida por la sociedad.

Dadá se presentaba como una ideología total, una forma de vivir y un rechazo absoluto a toda tradición o esquema anterior. Habiendo empezado como una respuesta negativa a la sociedad burguesa y a su legado cultural, terminó alterando radicalmente el concepto y la creación de “arte”. Fue el predecesor y catalizador del tipo de arte al que estamos acostumbrados hoy en día.

Los dadaístas se caracterizaron por un deseo de destrucción de todo lo establecido. Fundamentalmente, el movimiento se oponía al concepto occidental de” razón” y se rebelaba contra todas las convenciones literarias y artísticas, la moralidad y el modo de vivir burgueses. Fue un movimiento anti-artístico, anti-literario y anti-poético porque cuestionaba la existencia misma del arte, de la literatura y de la poesía. Estaban en contra de todo movimiento – incluyendo el suyo propio.

El Dadaísmo se manifestó contra: la “belleza eterna”, la “eternidad de los principios morales”, las leyes de la lógica, la inmovilidad del pensamiento, los conceptos abstractos y lo universal en general. Al contrario, apoyaba: la desenfrenada libertad del individuo, la espontaneidad, lo aleatorio, las contradicciones, el caos, la imperfección.

Los Dadaístas negaban el sentido común y las construcciones conscientes. Sus formas expresivas eran el gesto, el escándalo y la provocación. Para ellos la poesía sólo podía estar en la acción, y las fronteras entre vida y arte debían ser abolidas.

Una pieza creada por los Dadaístas no estaba basada en ningún estándar formal y debía ser interpretada libremente por el espectador.

Con el fin de expresar el rechazo de todos los valores sociales y estéticos del momento, y todo tipo de codificación, y de descreditar la actividad artística, los dadaístas recurrían con frecuencia a la utilización de métodos artísticos y literarios deliberadamente incomprensibles, que se apoyaban en lo absurdo e irracional. Sus representaciones teatrales y sus manifiestos buscaban impactar o dejar perplejo al público con el objetivo de que éste reconsiderara los valores estéticos establecidos.

He aquí la “receta” de Tzara para hacer un poema dadaísta: “Coja un periódico. Coja unas tijeras. Escoja en el periódico un artículo de la longitud que cuenta darle a su poema. Recorte el artículo. Recorte cada una de las palabras y métalas en una bolsa. Agítela suavemente. Ahora saque cada recorte y cópielo concienzudamente en el orden en que haya salido de la bolsa. El poema se parecerá a usted. Y es usted un escritor infinitamente original y de una sensibilidad hechizante, aunque incomprendido del vulgo”.

En las artes plásticas, resolvieron renovar la expresión mediante el empleo de materiales inusuales: objetos prefabricados, restos industriales, desechos encontrados en la calle, y nuevos métodos, como la inclusión del azar para determinar los elementos de las obras. Ellos inventaron la técnica del fotomontaje. El pintor y escritor alemán Kurt Schwitters destacó por sus collages realizados con papel arrancado de revistas y otros materiales similares. Los collages geométricos de Jean Arp dependían enteramente de patrones aleatorios: tiraba papeles recortados al suelo y luego los pegaba según el orden en que habían caído, renunciando así por completo a la idea que el artista controla su obra. El artista francés Marcel Duchamp expuso como obras de arte productos comerciales corrientes —un secador de botellas y un urinario— a los que denominó ready-mades. Duchamp cuestionaba la propia existencia del objeto artístico y tanto la validez como el valor de lo que llamamos “arte”. También atacaba la idea de que el arte requiere tiempo y paciencia. El cuadro de Max Ernst Celebes, de 1919, representa una criatura ambigua que se parece vagamente a un elefante (o también a una caldera!). En la esquina inferior derecha, un cuerpo sin cabeza parece “hacerle señas” a la criatura, añadiendo una nota perturbadora a la atmósfera humorística. Esta pintura es un ejemplo del tipo de imaginería caprichosa y fantástica que caracterizó al dadaísmo y más adelante al surrealismo.

La influencia de Dadá fue amplia e intensa y tuvo repercusiones en todos los campos artísticos. Su aporte permanente al arte moderno es el cuestionamiento continuo (¿qué es el arte o qué es la poesía?); la conciencia de que todo es una convención que puede ser cuestionada y, por tanto, que no hay reglas fijas y eternas que legitimen de manera histórica lo artístico. Gran parte de lo que el arte actual tiene de provocación viene de Dadá, así como la mezcla de géneros y materias propia del collage. La diferencia fundamental estriba en que el arte actual se toma en serio a sí mismo, mientras que el dadaísmo nunca olvidó el humor.

Dos “ismos” específicamente hispánicos: el Creacionismo y el Ultraísmo

El Creacionismo nació en 1918 siendo su autor más importante Vicente Huidobro. Para este poeta chileno y los demás creacionistas, el poeta no debía limitarse a reflejar la Naturaleza, sino que debía mantener con ella una especie de competición en la que el autor podía mostrar el vitalismo de su propia obra. El conflicto entre naturaleza y arte se resolvía para él en la declaración que: “el poeta ha de crear su poema como la naturaleza crea un árbol”. Esta concepción del arte en general supuso la necesidad de crear nuevas imágenes y un nuevo lenguaje poético que rompió con todos los niveles de la lengua, generando su propia sintaxis (yuxtaposición de oraciones, vocablos o sonidos puestos en contacto sin una lógica evidente). Huidobro reconoció su deuda al imagismo anglo-americano de Ezra Pound, al cubismo y al dadaísmo.

El Ultraísmo nació en Madrid en 1919 por medio del Primer manifiesto ultraísta, del poeta Rafael Cansino-Asséns. Movimiento “ultrarromántico”, renegaba de lo “viejo” (el modernismo), de la oratoria y la retórica, de los prejuicios moralistas o académicos, y defendía un “estar adelante siempre en arte y en política, aunque vayamos al abismo”, construyendo la fraternidad universal a través de las nuevas estéticas, siempre “subversivas y heréticas” porque “atacan al régimen y a la religión”.

Lo “nuevo” se reveló en una mezcla de influencias: desde el dadaísmo y el expresionismo, hasta el futurismo, el cubismo y el creacionismo. El ultraísmo se expresó sobre todo a través de revistas, en las que publicaban poetas del círculo de Cansinos-Asséns. Estos poetas experimentaron con toda clase de técnicas literarias revolucionarias: neologismos, imágenes cinemáticas, abandono de los signos de puntuación, juegos con la disposición tipográfica. Entre los más famosos se encuentran Jorge Luis Borges (que más adelante preferirá no recordar esa fase juvenil de su obra literaria!), Ramón Gómez de la Serna, cuyas “greguerías” estaban muy próximas al culto de la imagen sorprendente e ingeniosa, Guillermo de Torre, Gerardo Diego, Juan Larrea y el peruano César Vallejo.

Bajo la influencia del ultraísmo, el argentino Oliverio Girondo escribió el manifiesto de la revista Martín Fierro, que comenzaba diciendo “Contra la impermeabilidad hipopotámica del honorable público” y afirmaba la importancia de lo propio sin perder de vista la influencia de otras culturas —”hay que absorber al otro, al enemigo sacro”.

También en México hubo una versión peculiar del ultraísmo: el estridentismo de Manuel Maples Arce, Germán List Arzubide y Salvador Gallardo, cuyo primer manifiesto incluía los nombres de Cansinos-Asséns, Borges, Gómez de la Serna, Guillermo de Torre y otros, proponía un sincretismo de todos los movimientos, y mandaba a “Chopin a la silla eléctrica”. Ya el poeta mexicano Enrique González Martínez había escrito en 1911 su soneto antimodernista ‘Tuércele el cuello al cisne’.

En Puerto Rico, hubo manifiestos euforistas (Vicente Palés Matos y Tomás L. Batista) y uno atalayista (C. Soto Vélez). En Cuba, se puso de moda el negrismo. Las relaciones entre arte y política se desenvolvieron a través del conflicto entre nacionalismo y cosmopolitismo.